Cuento de Silvia Jimenez.
Los
señores Francisco y Alejandra Rosales se encontraban en una fiesta con sus
amigos de la universidad, eran una pareja de 38años y tenían una vida que mucho
les hubiera gustado tener.
Se habían conocido justamente en la
universidad, y cuando contrajeron
matrimonio, ella se dedico al hogar y él se posiciono muy bien en una empresa,
por lo cual no sufrían de carencia alguna. Tenían ya, sus años considerables de
casados y nunca tuvieron problemas con respecto a su matrimonio, nunca tuvieron
un conflicto. Ella era muy divertida y él era muy complaciente, y por esos
motivos eran considerados una pareja perfecta. A pesar de ello, Alejandra no
era del total feliz, sentía que algo le faltaba a su vida, pero no se detenía a
pensarlo, ni a deprimirse, solo no era feliz. Pero eso nadie lo sabía.
Los señores rosales se divertían como todos
los demás. Rosalba, dueña de la casa y anfitriona de la fiesta, les presento a Rogelio.
Rogelio era un amigo de Rosalba que se habían
conocido en un viaje y desde entonces se hicieron muy buenos amigos.
Mientras la velada avanzaba la Alejandra se
había quedado sola con Rogelio platicando. Tenían una plática muy amena y hasta
se carcajeaban de sus comentarios y anécdotas. Fue entonces cuando Alejandra
quedo anonadada de aquel hombre, era maravilloso, era un gran bailarín,
demasiado elocuente con las palabras, demostraba mucha seguridad, y tenía un
buen porte. Era el candidato perfecto para cualquier mujer, pensó.
Después de esa noche se volvieron
inseparables. Alejandra, que solo salía de vez en cuando los fines, ahora salía
casi todos los días, pero con Rogelio.
Al principio, Francisco no le importo, de
hecho estaba feliz de ver a su esposa radiar felicidad, cosa que hace mucho no
veía. Y veía a Rogelio como un buen amigo de su esposa. Pero, con el tiempo.
Esto empezó a incomodarlo. Alejandra ya no estaba siempre en la casa y Francisco
empezaba sentirse mal porque esa felicidad lo causaba alguien y no era él.
Después de meses así, Francisco tuvo varias
confrontaciones con su esposa por que no le gustaba la vida que tenían. Ya no se veían y ya no se ponían el mismo
interés que antes. Hasta sus amigos la desconocían, ya no iba a sus fiestas y
cancelaba todo, solo por estar con Rogelio. Así que decidió hablar con ella
otra vez.
-Alejandra, yo te amo, pero desde hace un
tiempo ya no te reconozco. Ni nuestros amigos.
Quiero arreglar esto, porque te amo y no
quiero echar por la borda todo lo que tenemos.
No quiero saber qué hiciste y que no con él,
solo quiero que regresemos a lo que éramos.
Y también, por nuestro bien, te quiero
pedir que ya no lo veas, porque me da miedo que lo que sientes por él te nuble
lo que tenemos nosotros.
Alejandra aceptó, después de una larga
platica, acepto tratar de arreglar el matrimonió que tenia con Francisco y no
volver a ver a Rogelio por bien a ello
Al día siguiente, Alejandra regreso a su
casa hecha un baño de lágrimas. Acababa de hablar con Rogelio para aclarar la
situación y no volverse a ver.
Después de ese día, la infelicidad de Alejandra
que había desaparecido a la llegada de Rogelio, se convirtió un una terrible depresión.
Se había vuelto descuidada, se la pasaba dómida casi todo el tiempo y lloraba
lo que quedaba del día.
Francisco no podía verla así, no podía ver
al amor de su vida triste. Sus amigos y él, trataban de animarla y que tratara salir
de su letargo. Pero nada daba resultado, así que ya no insistían tanto, a tal
grado que casi ya no la veían.
La
llevo a un psicólogo, la cual depuse de unas sesiones lo dejo y ya no quiso
regresar
Mientras duraba la depresión, la casa se
convertía poco a poco en un desastre. Después de un mes, Alejandra ya había salido de la cama, seguía
deprimida, pero ya no estaba en su cuarto todo el tiempo. Así que de vez en
cuando arreglaba la casa. No hacía bien el trabajo, lo dejaba a medias. Medio recogía,
medio lavaba. Dejaba cosas en el piso y en las escaleras, no colocaba bien las
cosas y a veces ella se caía justamente por ello. Entre esos descuidos, a él le
llego a tocar una que otra caída por culpa de ellos.
Francisco llegaba a sospechar que la
depresión era tal que su subconsciente la hacía perezosa para algún día
causarse un accidente tan grande que le provocaría la muerte.
Un día, Alejandra le dijo que no podía
lavar ni limpiar el congelador, por que el sótano no había luz.
El bajo, tomo la escalera, la desplego y
empezó a subir por ella para arreglar el foco del cuarto. Cuando se escucho un
fuerte “crack”, la escalera se rompió y con ello Francisco cayó al suelo.
No podía moverse mucho, apenas recobraba la
conciencia y la movilidad cuando reacciono.
“ella no es descuidada por que quiere
morir, es descuidada porque me quiere matar”
Y en cuanto le llego esa reacción a la
cabeza solo podía ver como se cerraba la puerta del congelador con el adentro.
._______.
ResponderEliminarTodo lo que se pudo evitar con un "Mejor me voy con Rogelio" ...
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